No nos llame, nosotros lo llamamos

Es la 1 pasadita y yo no he almorzado, espero mi turno en una de esas filas de a sentado, típicas de oficinas de gobierno; la mujer junto a mí dice que vino desde Liberia, se queja luego de los muchos que llegan a hacer consultas a la única funcionaria en ventanilla mientras las horas han pasado por nosotros. Yo espero aunque sé cuál será la respuesta, pero a veces uno quiere escucharla de frente o tal vez quiere aferrarse a una pequeña y remota esperanza.