Leo y después existo

El caso es que me estoy obsesionando con Mecha. Quiero el escote de su espalda y bailar un tango como lo haría ella. Mecha siendo inteligente y asumiendo sus rincones turbios sin miedo. Es Pérez Reverte y El tango de la Guardia Vieja. Aunque yo soy más un personaje de Jane Austen, una Elinor muy comedida, a la que le pesa demasiado la razón como para actuar con imprudencia.

Probemos todo

-Te va a encantar. 
-¿Qué?
-El mundo.

Room, por muchas razones, es una de mis últimas películas favoritas. Los monólogos interiores de Jack son tan conmovedores como su mirada de asombro e ingenuidad frente a ese mundo nuevo que se descubre ante sus ojos. Jack es un pequeño explorador mirando por primera vez las cosas.


El viaje de Jack sugiere planteamientos existenciales ineludibles: ¿qué tal si el mundo que hemos conocido hasta el momento es tan solo una habitación?, ¿qué tal si nuestra realidad conocida solo nos muestra un único punto de vista? ¡Cuánto hay del mundo que no hemos considerado ni conocido!

Nolan y Leonardo

A Nolan le colgaban dos cordeles por brazos, cada uno a un palmo de llegar al suelo, el otro extremo remataba en una extraña melena crespa informe. Nolan era una figurilla de caminar pausado y de un total desgarbo. Por su parte, Leo... Leo era guapísimo, esos ojos verdes y esa sonrisa. Nos llevaba miles de años de ventaja porque se había quedado no sé cuántas veces; era, sin duda, el más popular de todos.

Un roto para un descosido

Que para los amorosos, el amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente. Lo ha dicho Sabines y me lo recordó Charlie Kaufman y Dan Harmon en Anomalisa. Tengo varias semanas pensando en eso. Lo mismo me sucede con The Lobster de Lanthimos.